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MACONDO, ¿ MITO o REALIDAD?

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Por. Lic. Julio Lozano García.

Son muchísimas las personas que han escrito sobre Gabo, como también, lo que se ha escrito, sobre el origen y significado de la palabra MACONDO, dentro del contexto de la Narrativa del Nobel de Literatura de 1.982.

En el Medio Local y Regional, crece aún más esta incertidumbre, pues algunos, aquí en la Zona Bananera, afirman, que el Maestro, vivió en Macondo, caserío de Guacamayal, e incluso, que nació en este lugar, o en una finca cercana.

En una exposición Fotográfica que se exhibió, en la sede de Cajamag, de la zona portuaria de la ciudad de Santa Marta, pude apreciar la copia de un Registro Civil de Nacimiento, en el cual se lee, que GABRIEL JOSE GARCIA MARQUEZ, nació en Aracataca el día 06 de Marzo de 1.927, hijo legítimo, de Gabriel Eligio García Martínez y Luisa Santiaga Márquez Iguarán.

En su autobiografía, Vivir para contarla, recuerda el viaje que realizó de Barranquilla a Aracataca, acompañado de su madre, con el propósito de vender la casa, que ella heredó, de los abuelos maternos de Gabito, el Coronel, Nicolás Ricardo Márquez Mejía y la señora,

Tranquilina Iguarán Cotes, ambos oriundos de la ciudad de Riohacha, en la Guajira. Viaje, en Lancha de motor de gasolina, que se inició, con la travesía del Río de La Magdalena, se internó, a través de un caño por la zona pantanosa de Manglares, hasta alcanzar la Ciénaga Grande de Santa Marta y desde aquí hasta el puerto pesquero de la ciudad Salitrosa de Ciénaga. Desde el pestilente puerto, hasta la Estación del Tren en Ciénaga, se hizo el recorrido en un coche Victoria de un solo caballo. Y desde esta ciudad, hasta Aracataca, su destino, se hizo en Tren, pasando por las plantaciones de banano, de la zona, Gabo recuerda en su libro : “ Al lado y lado de la vía férrea se extendían las avenidas simétricas e interminables de las plantaciones, por donde andaban las carretas de bueyes cargadas de racimos verdes. De pronto, en intempestivos espacios sin sembrar, había campamentos de ladrillos rojos, oficinas con anjeo en las ventanas y ventiladores de aspas colgados de los techos, y un hospital solitario en un campo de amapolas.

Cada río tenía un pueblo y su puente de hierro por donde el tren pasaba dando alaridos, y las muchachas que se bañaban en las aguas heladas saltaban como sábalos a su paso para turbar a los viajeros con sus tetas fugaces “.

Se dice de Macondo, que no es otra, que Aracataca misma, o que Macondo es toda la Zona

Bananera, o la Región Caribe, o toda la Nación de Colombia, o Latinoamérica. O, incluso, que Macondo, no es otra cosa que un Estado de ánimo. Además de lo anterior, el nuevo Miguel de Cervantes de la Lengua Castellana, dice en su autobiografía, publica en 2.002, : “ El tren hizo una parada en una estación sin pueblo, y poco después pasó frente a la única finca bananera del camino que tenía el nombre escrito en el portal, MACONDO. Esta palabra me había llamado la atención desde los primeros viajes con mi abuelo, pero solo de adulto descubrí que me gustaba su resonancia poética. Nunca la escuché a nadie ni me pregunté siquiera que significaba. La había usado ya en tres libros como nombre de un pueblo imaginario, cuando me enteré en una enciclopedia casual que es un árbol del trópico parecido a la ceiba, que no produce flores ni frutos, y cuya madera esponjosa sirve para hacer canoas y esculpir trastos de cocina. Más tarde descubrí en la Enciclopedia Británica que en Tanganyika existe la Etnia errante de los Makondos y pensé que aquél podía ser el origen de la palabra.

Pero nunca lo averigüé ni conocí el árbol, pues muchas veces pregunté por él en la zona bananera y nadie supo decírmelo. Tal vez no existió nunca”.

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