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EDITORIAL: Paz, paz, en Colombia ansiamos vivir en paz

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Nuevamente el gobierno de Juan Manuel Santos es víctima de las burlas de los facinerosos que fungen como delegados de las Fuerzas Revolucionarias de Colombia ‘FARC’ E.P. ante el gobierno colombiano en la celebración de los diálogos de paz que se celebran en La Habana, Cuba.

No queremos repetir lo que diariamente se dice en los pasillos del Congreso, pero los hechos condenan al gobierno de Colombia, por la debilidad manifiesta ante los hechos, que durante el tal llamado diálogos de paz conocemos. Solo las exigencias hechas por los amigos de Timochenko en el sentido que los dirigentes de la guerrilla colombiana no paguen ‘un solo día de cárcel’ a pesar de los innumerables plagios, que mantuvieron a los secuestrados por largos años separados de sus familias y algunos de estos encontraron la muerte durante su cautiverio.

Colombia, es quizás el país donde las muertes violentas causadas por estos ejércitos de destrucción, ocupan los primeros lugares en las estadísticas en el plano mundial y nuestro gobierno aún, piensa en discutir que se podría exonerar de la cárcel, a este grupo de dementes.

No le basta al señor presidente, ver desfilar a muchos de nuestro soldados mutilados por los efectos de las minas anti-persona (quiebra patas), a las viudas de los soldados caídos en emboscadas a muchos civiles que también han soportado la amputación de alguno de sus miembros, porque nuestros campos son campo minados y al tratar de sembrar para cosechar nuestros campesinos gente pobre pero laborioso que necesitan cosechar los productos para subsistir y en cambio sus parcelas lo que tienen sembradas es destrucción cobarde como son las minas auto personas, que también han alcanzado a nuestros niños campesinos destruyéndoles parte de sus cuerpecitos cuando se dirigen a pie a su escuela veredal.

Ahora ante el decreto de suspensión bi-lateral del fuego, el débil gobierno de Santos creyó que habría logrado algo positivo en este proceso; pero hasta un ciego que integra la delegación guerrillera conoció la inferioridad de carácter y alcanzó a “ver” el rostro pusilánime de nuestro presidente que sacando pecho, nos hacía creer a los colombianos que con el desarrollo de los cacareados diálogos de paz, el cese bilateral del fuego, la suspensión de los bombardeos y la suspensión de la persecución de estos delincuentes, criminales y narcotraficantes, la guerrilla estaba diezmada, casi que arrodillada lista para entregar las armas.

Pero que tamaña equivocación de nuestro flamante Presidente, que por esta actitud, no sólo ha creado disgustos en la clase parlamentaria, sino que a la oficialidad de nuestras Fuerzas Armadas, le ha causado un gran disgusto y frustración.

Pero, para mayor demostración que esos, alrededor de 10 mil hombres, que poseen las FARC, están en la plenitud de causar daños y derrotas a nuestras Fuerzas Armadas son los hechos sangrientos en los que asaltaron a un pelotón de soldados colombianos, a los que le habían dado la orden de no disparar, a los que no les prestaron el apoyo aéreo, pues eran las ordenes de la Presidencia y hoy once familias, lloran a sus muertos, colombianos como nosotros, inmolados por creer en un proceso de paz, que para nada ha servido ni servirá.

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