Por. Melchor Tirado Torres *

La verdad… que es la verdad “la defino como la incógnita a despejar en la ecuación de los hechos” luego de la introducción de una serie de variables como la información de lo oído por la radio, lo oído y visto por televisión, lo leído en los periódicos y revistas, lo inventado o narrado por el sujeto, los indicios y lo que nos muestre el Internet… de esa información obtenemos la verdad, como colorario, todos pueden ser manipulados con propósitos puntuales para presentar “una mentira como verdad”. Entre todos ellos surge una nueva modalidad delictual de suplantación de identidades físicas en vídeos y fotografías en el mundo del Internet, un nuevo peligro “para la obtención de la verdad” y se trata de los “Deepfakes” (traducido al idioma español como fallas profundas), esta es una nueva amenaza tecnológica y consiste en la alteración “dolosa” de vídeos y fotografías con el propósito de superponer el rosto de una persona u otras partes del cuerpo -en general un personaje casi siempre famoso -en el cuerpo de otro, esto con un nivel de realismo suficiente para engañar a los espectadores consiguiendo colocar al personaje en situación inverosímil o denigrante, el “delincuente” utiliza técnicas de inteligencia artificial conocidas como “deeplearnig” (traducido al idioma español como aprendizaje profundo) para manipular las imágenes y hasta crear información política falsa para manipular a la opinión pública con propósitos perversos y malévolos. ¿Me pregunto, es posible identificar un Deepfakes?,con la respuesta de que actualmente sí, como técnica de suplantación relativamente nueva su desarrollo permite detectarlo relativamente fácil – por el momento -, pero esto no lo podremos garantizar al futuro porque el desarrollo tecnológico crece de manera exponencial y la aplicación ilícita no es la excepción. Uno de los campos en los que más se presentan los Deepfakes es  en el  pornográfico en donde a un cuerpo de mujer ya sea en video o en foto se le coloca un rostro de una actriz – por ejemplo -con el propósito de satisfacer fantasías en que “el dueño del vídeo” imagina relaciones con la actriz; lo preocupante es que como la investigación en inteligencia artificial madura muy rápidamente, se cree que en un futuro “cercano” la tecnología para hacer Deepfakes harán los artíficos más difíciles de identificar y por supuesto  más difícil de controlar y judicializar, el precio que pagamos por el desarrollo tecnológico es el crecimiento lamentable de la impunidad, y esto dificulta detectar al violador. Llamo la atención sobre el hecho de creer a pie juntillas todo lo que nos muestran los medios de comunicación, sobretodo en las redes “supuestamente gratis“ –oigase bien, en el único sitio en donde existe lo gratis es en  el diccionario, fuera todo cuesta y hay que pagarlo, y, en ocasiones bien caro -como Facebook, WhatsApp, Instagram, Twitter, la información obtenida debe  ser procesada cuidadosamente antes de darle credibilidad porque puede tratarse de una  suplantación y al darle credibilidad “ya estamos de hecho mínimo condenando moralmente al suplantado, siendo este inocente“ y ,ojo, al reenviar el Deepfakes llegado estamos actuando como “cómplices del delito”, por lo que esto no se debe hacer – quien propaga lo ilícito es tan culpable como el que lo genera- .A través de la historia varios casos de Deepfakes se han hecho famosos como el caso del expresidente Barak Obama quien apareció en un video en el que calificaba como un completo idiota a Donald Trump. O el de la actriz Jannifer Lawrence quien pareció con el rostro del actor Steve Buscemi. O el del Presidente Argentino Mauricio Macri a quien le colocaron bigote y rasgos de Hitler. O el de un expresidente colombiano al que le colocaron el vestido de una primera dama. Todos estos casos considero merecen el rechazo y el repudio total, y son denunciables por el delito de Injuria en un principio, pudiéndose dar en concurso con otros varios delitos según el caso y la lesión particular. Soporte de apoyo Revista Semana, Edición # 1919.

* Abogado eIngeniero Electrónico

melchortiradot@gmail.com

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