El Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales, Ideam, reportó que la segunda época de lluvias del año inició el pasado viernes 15 de septiembre y se prolongará hasta las 2 primeras semanas de diciembre.

Aunque estima que las condiciones climáticas serán normales y que no se presentará un evento como el fenómeno de La Niña, la entidad hizo un llamado para estar alerta en las zonas más húmedas del país.

Para mediados de año, los ganaderos estaban esperando una época seca, el veranillo de San Juan como se conoce en la región Caribe. Sin embargo, ha ocurrido todo lo contrario: desde mayo se prolongó la temporada de lluvias y parece que no va a terminarse.

Aunque han ocurrido algunas calamidades recientes como el desbordamiento de los ríos Magdalena y Sinú, afectando poblaciones en Magdalena, Córdoba y Bolívar, la mayoría asegura que se trata de una buena época.

A pesar de que los productores anhelaban el inicio del invierno, también deben tomar precauciones para evitar que sus animales se desgasten por el estrés hídrico y el consumo de energía para procesar el alimento.

Los extremos afectan cualquier sistema productivo. Así como un intenso verano es perjudicial para la ganadería, un fuerte invierno puede generar pérdidas si el ganadero se confía.

Muchos han querido almacenar y no han podido por la cantidad de agua, así que prefieren dejar que sus bovinos consuman incluso los pastos de corte.

Guillermo Echeverry, ingeniero agrónomo y empresario ganadero, explicó que se debe prestar especial atención a los bovinos en esta época de continuas precipitaciones.

“Cuando hay encharcamientos en los potreros, esto hace que el ganado no se puede echar tranquilamente a descansar o a rumiar. Eso significa un gasto de energía estando de pie o caminando, buscando sitios que están más secos”, indicó.

Por este motivo, el propietario debe procurar que el ganado esté en un sitio seco o en praderas que no estén inundadas. También se debe limitar el movimiento de los bovinos, con cercas móviles que frenen su andar por zonas muy empantanadas.

Por su parte, el médico veterinario Iván Darío Cruz explicó que esta es una época de mucho estrés para los animales, por la cantidad de agua en los potreros, el barro, el frío, la humedad, entre otros factores.

“El estrés aumenta en los bovinos durante el invierno por las dificultades para dormir, la falta de poderse echar en la noche y por la cantidad de barro. Eso hace que bajen las defensas y el peso”, declaró.

Así lo confirmaron varios ganaderos de los departamentos de la Costa Norte, quienes se han mostrado agradecidos porque se han presentado precipitaciones acompañadas de cielos despejados, proporcionando luz y humedad suficientes para un óptimo crecimiento del pasto.

Por este motivo, muchos pequeños y medianos productores han preferido seguir alimentando a sus animales, porque no ven necesario guardar forrajes con la abundancia que se ve en estas fechas.

Otros han querido almacenar y no han podido por la cantidad de agua, así que prefieren dejar que sus bovinos consuman incluso los pastos de corte.

En cambio, Néstor Stave, ganadero y experto en ensilajes, señaló que “este momento debe servir para transformar y almacenar pasto tanto como sea posible, pues las lluvias podrían intensificarse y convertirse en un problema”.

 

 

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