“Mi padre era una persona correcta, y nos inculcó la honestidad como ejemplo de vida, era una persona noble, que nunca tuvo problemas con nadie, una persona enamorada de su gigantona, la cual lo enaltecía a él, a tal punto que  se tomaba el trabajo de hacerle la cara; mi madre  le cocía el vestido y era para nosotros una alegría verlo aquí remendándola , y pues también con la virgen del Carmen que era su vida hasta sus últimos días”, destacó Roció Jacob, una de las hijas del maestro Lichín.

El  reloj marcaba eso de la 1:30 de la tarde, cuando llegó el féretro que transportaba los restos mortales de Jorge Isaac Jacob, popularmente conocido en Cataca como “Lichín”. Mientras tanto, hijos, amigos y demás familiares, lloraban de tristeza al presenciar el triste regreso en una carroza fúnebre de este querido folclorista, hasta el hogar en el que permaneció feliz hasta sus últimos días de vida.

Aracataca dio el último adiós al maestro “Lichín”, uno de los folcloristas más connotados de los años 60 en la tierra del nobel.

El inclemente sol, por su parte hacia lo propio, como es muy común en las últimas semanas del mes de marzo. Los arboles escaseaban, y la temperatura desesperante se hacía cada vez más  insoportable en ese momento, entremezclada  entre el llanto y las notas folclóricas de un buen fandango de la banda 16 de julio del Negro Charris,  y el lamento hecho canción de  La Caja Negra, composición de la autoría del maestro Enrique Díaz, que llegó al corazón de los allí presente, generando una simbiosis de sentimientos, en la voz de Deneris Castaño y el acordeón de Armando el “Mello” Acosta, quienes la entonaron en honor a este gran maestro del folclor macondiano, que partió al encuentro con Dios.

“Ay! El hombre que trabaja y bebe, déjenlo goza la vida, y  que eso es lo que se lleva si tarde o temprano muere, ay! después de la caja negra compadre, creo que más nada se lleve! después de la caja negra compadre, creo que más nada se lleve”.

La pandemia del Covid no permitió que se realizara el velorio como comúnmente se realiza en estos pueblos de la Costa Caribe colombiana, donde se ubica el cuerpo en cámara ardiente en la propia vivienda del difunto, pero tampoco fue impedimento para que al maestro “Lichín” no se le diera una gran despedida como lo merecía este querido folclorista, que llegó hace  66 años al municipio de Aracataca proveniente de la ciudad de Santa Marta, de donde era originario, para asentarse en este emblemático poblado, en el que se ganó el cariño de sus habitantes y en el que lideró importantes procesos culturales, y folclóricos como la fundación del Grupo Renovación de los Años 60, con los que aportó, a la consolidación y realce de las costumbres del pueblo macondiano, en el que figuró como actor activo de sus fiestas carnestolendicas; con la creación de la famosa “gigantona”, personaje pintoresco e insigne de las fiestas del Dios momo, liderado por su grupo, en esta parte del departamento del Magdalena; en el que también fungieron como organizadores de las festividades de la Virgen del Carmen, que se siguen celebrando cada año en pleno centro del mercado público de esta municipalidad.

EL SEPELIO

El cortejo fúnebre seguía y mientras tanto las notas del acordeón se hacían cada vez más tristes.

“Tan bueno y tan noble como era mi padre, y la muerte infame me lo arrebató, esos son los dolores y las penas tan grandes, que  a sufrir en la vida le pone uno Dios; se enlutó el corazón y vino la tristeza, una viuda llorando de luto me dijo, de recuerdos grandiosos dejó su nobleza, y la lucha perenne de educar a sus hijos”.

Aracataca entonces despedía a su folclorista amigo, un sepelio que con el pasar de los minutos se iba convirtiendo en un pequeño carnaval a pesar del miedo que produce la actual emergencia de un mortal virus que muchos torean, pero que cuando cae pone a sufrir a más de uno.

El acto fúnebre siguió y era apenas obvio que se presentara este tipo de manifestaciones cuando muere un cultor en el caribe colombiano y más específicamente en la tierra del Realismo Mágico, de las mariposas amarillas y de Gabriel García Márquez.

La pandemia del Covid no permitió que se realizara el velorio como comúnmente se realiza en estos pueblos de la Costa Caribe colombiana.

Lichín fue un gran personaje, una persona que hoy deja una importante huella en la historia de la cultura de estos pueblos de la zona bananera del Magdalena, en el que su legado será recordado y tenido en cuenta, hasta el final de los días, como una persona noble, trabajadora y entusiasta; que amó sobre todo la cultura y la música de tambora como nadie; afición esta, que lo fue llevando hasta involucrarse de manera activa en la cultura de Aracataca, la cual se convertiría en su mejor pasa tiempo, para escapar de la rutina y los traspiés del día a día.

“No conocí en Aracataca una persona más folclorista que Lichín. De una u otra manera era una persona extrovertida, espontaneo, en todas las maneras habidas y por haber, y hoy desafortunadamente se nos fue. Hoy recuerdo que lo conocí cuando yo tenía unos 18 años y trabajábamos en esa época en una empresa del gobierno que se llamaba IDEMA, Lichín ya era mucho mayor, y tenía un grupo de amigos con los que cargaban pacas de algodón, en un carro que recuerdo llamaban el “Anchuncho”, dentro de esos amigos estaban Enrique Aaron, otro que le decían Pollito, Felipe Cantillo, Chimila entre otros. Después de ese grupo armaron otro a nivel de folclor, que lo llamaron los “licoreros”, en los que tenían tamboras, gigantonas, y en esa época la industria licorera del Magdalena, les patrocinaba el licor, y ellos iban por todos los bailes, contagiando a la gente de alegría; fíjate tomaron tanto Ron Caña recuerdo, que a lo mejor eso está haciendo sus efectos muchos años después pero ¡Nojoda! si había un folclorista en Cataca se llamó Jorge Jacob Lichín”, indicó su amigo Jose Agustin Polo, recordando el ayer.

LOS MITOS
Dicen por ahí las abuelas que cuando la persona muere recoge sus pasos y hasta llega a despedirse de sus familiares y amigos más queridos como realmente sucedió la madrugada del miércoles 24 de marzo en Aracataca.
“Yo soñé que el había llegado aquí a la puerta de mi casa y me dijo ¡joda Aaron! hoy estoy cumpliendo años de mi accidente del 2021 y cuando me levanto en la mañana me dicen que el murió. Creo que cuando murió él estaba pensando en mí, yo lo vi nuevo, todavía entero, joda él siempre fue una persona muy distinguida conmigo, me decía Aaron vamos a hacer esto y lo otro. Él era el presidente del grupo renovación de los años 60  y un día me dijo Aaron yo ya tengo muchos años de ser presidente y ya estoy muy viejo, ahora tú vas a ser el presidente, y se reunió la junta y me eligieron a mi como presidente. Pienso que él quería decirme algo en el sueño, porque él me hablaba de un accidente del 2021”, expresó Enrique Aaron, uno de sus mejores amigos y compañeros del Club Renovación de los Años 60.

Y puntualizó: “Si tuviera la oportunidad de volverle a hablar y despedirlo le diría mi amigo, mi amigo”, en ese momento el maestro Enrique Aaron no aguantó el sentimiento y se puso a llorar, recordando a su entrañable amigo y compañero Lichín.

SU ORIGEN

Jorge Isaac Jacobs  Manjarres nació un 28 de marzo de 1941 en la ciudad de Santa Marta, hijo de Ignacia Manjarres y Bernardo  Jacobs, tuvo 13 hermanos, se casó con doña Ítala Cervantes de Castaño, de cuya unión nacieron 7 hijos  tres hombres y cuatro mujeres, quienes hoy tienen la gran responsabilidad de mantener intacto ese gran legado folclórico y cultural, en las nuevas generaciones de su familia y de la comunidad cataquera en general, para que cuando en una fiesta de carnaval el público vea la gigantona, inmediatamente  recuerden al gran “folclorista de macondo”: Jorge Isaac Jacobs Manjarres, el popular Lichín.

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