Por. José Félix Lafaurie Rivera

Andrés Valencia llegó al Ministerio de Agricultura a ordenar la casa, y Deyanira Barrero, epidemióloga y con importante trayectoria en el ICA, fue designada por el ministro para hacer lo propio en esa entidad. Infortunadamente, le tocó “estrenarse” con el foco de aftosa en Sogamoso, a raíz del cual la Organización Mundial de Sanidad Animal, OIE, informó que “retira la aprobación de la zona de contención y se suspende, a partir del 17 de septiembre de 2018, el estatus de país que tiene zona libre de fiebre aftosa con vacunación”, que había sido restituido en mayo, después de los focos de 2017.

Grave situación. Por ello saludamos la decisión del Ministerio y del ICA de informar de inmediato a la OIE, de conservar la zona de contención y de reforzar los controles. En estos temas, la trasparencia es tan vital como la capacidad de respuesta para neutralizar el foco y, sobre todo, para restaurar la confianza y recuperar el estatus internacional. Afortunadamente, se estableció que la circulación viral por el animal infectado estuvo limitada a la zona de contención, sin evidencias de infección fuera de ella.

Hay mucho en riesgo, porque la reincidencia no es buena señal, ni para los mercados internacionales, para los que el ministro de Agricultura anunció una ofensiva diplomática, ni para el ánimo ganadero de preservar la salud del hato, y así lograr estabilizar la situación sanitaria prevalente hasta 2017, sin lo cual estarán en riesgo también inmensos esfuerzos y recursos, estos últimos del orden de un billón de pesos, solo en el costo histórico de la vacunación.

¿Qué pasó? Frente a los focos de 2017 se puede buscar el muerto río arriba y culpar al contrabando, pero contrabando ha existido siempre desde Venezuela; por eso la zona limítrofe era de “alta vigilancia” y la vacunación tenía que ser rigurosa. Frente al de Sogamoso, si la circulación viral persistió en la zona de contención después de un año, es porque no se sacrificaron los animales que se tenían que sacrificar ni se vacunó como se debía vacunar.

Se bajó la guardia y, paradójicamente, se presentaron excepcionales cifras de cobertura con base en un crecimiento disparado del hato. Frente al cálculo histórico, de 22,9 millones de cabezas para 2015, y a las cifras del DANE en el Censo Nacional Agropecuario de 2014, de 21,5 millones, al cierre del segundo ciclo de 2016 el ICA reportó 23,8 millones, y al cierre de 2017, ¡26,3 millones! En dos años, le aparecieron al ICA casi cinco millones de cabezas.

El ministro Iragorri salió a pregonar una vacunación exitosa y a descalificar a Fedegán, pero tendría que haber cuestionado también la validez del Censo Nacional Agropecuario, por lo que no quedaron sino dudas sobre tan extraordinario crecimiento. Fedegán realizó un minucioso análisis de las cifras, con hallazgos sorprendentes que dan para otra columna, y en buena hora el ministro Valencia anunció barrido predio a predio para llegar a cifras confiables.

Lo sucedido es una crisis anunciada. Cuando, en 2015, en Asunción, advertí ante la Comisión Hemisférica para la Fiebre Aftosa, COHEFA, sobre los riesgos de desmontar el equipo técnico que había manejado el Programa, fui acusado de “pánico económico” y traición a la patria; y sucedió lo que tenía que suceder, porque no se le puede entregar un programa de tanta responsabilidad técnica a una entidad financiera –Fiduagraria– bajo la supervisión de funcionarios inexpertos del Ministerio.

Confío en que el ministro Valencia y Deyanira lograrán ordenar la casa, superar la emergencia y retomar el camino, retos que Fedegán acompañará con su experiencia y capacidad técnica.

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