Gráfico 1. Emisiones estimadas (kg CO2-e kg Peso Canal − 1) para cada estrategia de ceba – Confinamiento y pastoreo – (izquierda) no se incluye el secuestro de carbono – (derecha) flujo neto de carbono incluye secuestro y erosión. Tomado de (Stanley et al., 2018).

Construcción del texto: Daniela Alvarado
Colaboración: Diana Carolina Toro García

Durante las últimas décadas la ganadería ha sido considerada uno de los factores culpables del cambio climático, debido a las emisiones de gases causantes del efecto invernadero (GEI) que son generados por este proceso. Este tema controversial ha generado un panorama abrumador y de inconformidad en la sociedad. Es curioso observar que después de varios meses de confinamiento causado por la pandemia de la COVID-19, se ha reportado en diversos lugares del planeta, cómo la naturaleza ha recuperado su espacio y así mismo ha tenido un alivio mientras las calles están vacías, los carros en el estacionamiento y las grandes fábricas frenadas. Pero ¿qué tiene que ver esto con la ganadería? Al contrario de lo que muchos piensan, esto refuta la creencia popular de que “sólo dejando de comer carne, salvaremos el planeta”.

A pesar de que la ganadería no paró, los satélites de monitoreo de contaminación de la NASA y la Agencia Espacial Europea, han detectado disminuciones significativas en el dióxido de nitrógeno (NO2) sobre China e Italia durante la época de confinamiento. Asimismo, se ha reportado en diversos lugares que la calidad del aire ha mejorado disminuyendo el esmog. De acuerdo con el reporte de la Agencia de Protección Ambiental de los Estados Unidos (EPA) sobre las emisiones de GEI en el 2018, los principales generadores de CO2 fueron el transporte en un 28 % y la generación energía eléctrica un 27 % los cuales al comparados con el aporte del 10 % que genera la industria agropecuaria, se puede evidenciar que esta no contribuye de una manera significativa en la producción de GEI (ver infografía).

Durante 2018 se reportó que la emisión de GEI generado por la agricultura en Estados Unidos fue del 10 % del cual el 39.3 % correspondieron a la ganadería. Mostrando así que la producción ganadera no está generando un impacto de alto nivel como sí lo representa el transporte, la generación de energía eléctrica y la industria. Se podría decir que es una afirmación errónea que la ganadería y por consiguiente el consumo de carne sea un factor de gran importancia para el cambio climático del planeta. Por el contrario, la ganadería sostenible para satisfacer las necesidades del consumidor es posible.

¿La ganadería un sumidero de carbono?

Actualmente, la sociedad ha sido mal informada y no se ha cuestionado qué tan confiable es la información que juzga a la ganadería y al consumo de carne como culpable del cambio climático. Por esta razón es fundamental aclarar con estudios científicos que respalden las ventajas de la ganadería en el mundo. Quizás pocos consumidores han escuchado sobre la capacidad de secuestro de carbono de los pastos, lo cual es una de las grandes ventajas que tiene la ganadería a pastoreo. Un estudio publicado en el 2018 por la revista Agricultural Systems, realizado en Michigan State University por los investigadores Paige Stanley y Jason Rowntree demostraron que el sistema de pastoreo secuestra mayor carbono en el suelo que el emitido a la atmósfera en comparación con los sistemas de confinamiento (ver gráfico).

El alcance del impacto incluyó las emisiones de GEI del metano entérico, la producción de piensos, la fabricación de suplementos minerales, el estiércol y el uso de energía y transporte en la finca. Esta investigación comprobó que la ganadería bien manejada a pastoreo puede contribuir a la mitigación del cambio climático como un sumidero general de GEI a través del secuestro de carbono en el suelo y desafía las conclusiones existentes sobre la intensificación de la ceba a pastoreo, la cual reduce la huella global de los GEI de la carne a través de una mayor productividad.

Cabe resaltar que, para obtener un secuestro de carbono, se debe integrar a la ganadería tradicional o extensiva colombiana un sistema de pastoreo racional, lo cual implica implementar la educación de los ganaderos demostrando las ventajas de este sistema para una producción sostenible. Colombia es un país con gran potencial en la producción de carne bajo pasturas todo el año, pues cuenta con la ventaja de no tener estaciones como América del Norte o los países europeos, lo que lleva a un menor costo de producción, beneficios en la carne y por consecuente en el medio ambiente.

Los atributos de la carne

La proteína animal es uno de los componentes más ricos e importantes en la dieta de los seres humanos, por lo cual es importante conocer que gracias al consumo de carne hace al menos 3 millones de años, los homínidos pudieron evolucionar su cuerpo y cerebro, puesto que la carne es rica en aminoácidos. Gracias a este hecho se desarrollaron herramientas de piedra, que permitieron mejorar la técnica de cacería y por ende incrementar consumo de carne, relacionando entonces el consumo de proteína animal con el desarrollo cognitivo del ser humano (Williams & Hill, 2017).

Además, investigaciones han demostrado que el consumo de carne estimula el fortalecimiento del sistema inmune, que además posee un contenido de ácidos esenciales que contribuyen en el mejoramiento de los niveles de colesterol, el riesgo de enfermedades cardiovasculares y adicionalmente el ácido linoleico conjugado cuenta con propiedades anticancerígenas según Jóźwiak et al., 2020 y Anderson & Ma, 2009. Se ha afirmado que la carne bovina es rica en ácidos grasos cis-monoinsaturados saludables para el corazón y puede ser una fuente importante de ácidos grasos omega-3 (Vahmani et al., 2020). De igual forma, el ácido vaccenico se asocia con varios beneficios para la salud, incluidos los efectos antiinflamatorios, anticancerígenos, antiarteroscleróticos y antidiabéticos.

La carne como fuente de proteínas esenciales y no esenciales, además de otros nutrientes, brinda la posibilidad de mejorar la calidad de vida y es difícil de reemplazar en la dieta de las personas, por lo cual es responsabilidad del gremio ganadero promover el consumo y el desarrollo de la ganadería.

Hoy en día, la pandemia nos ha mostrado que la ganadería no es la culpable del cambio climático. Al contrario, contribuye con la salud humana y la seguridad alimentaria del mundo, dado que el consumo de alimentos no para y por ende continúa la producción de carne y leche, garantizando una estabilidad alimenticia en las grandes metrópolis. Colombia como país agropecuario, produjo en 2018 un total de 885.929 toneladas de carne, las cuales fueron llevadas a la mesa de los colombianos garantizando su alimentación. La ganadería no solo provee seguridad alimentaria, sino que también aporta a la bioeconomía, generación de trabajo, contribución en la retención de carbono, reducción de la pobreza y a la producción total de alimentos al aumentar la productividad de los cultivos a través del estiércol y la tracción animal (FAO, 2013).

La crisis que se está viviendo a nivel mundial por la COVID-19, ha podido generar en nosotros esperanza y la naturaleza indiscutiblemente es la más beneficiada. Se puede decir con certeza que, gracias a la pandemia, la perspectiva de la humanidad hacia el mundo cambió y dentro de ello la ganadería, debido a que evidentemente sobre ella sigue reposando la seguridad alimentaria de millones de personas en el mundo.

Así entonces, la producción ganadera a pastoreo es sostenible en países como Colombia puesto que contribuye con la mitigación del cambio climático y la sostenibilidad de millones de campesinos, por eso la culpa NO es de la vaca, entonces: No coma cuento, coma carne.

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